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Ésta vez la vista no era como siempre la imaginaba, con las luces siendo cómplices de algo bonito , ésta vez la vista hacía parte de lo quería hacer… Escapar, estar sola y llorar hasta que el sol saliera de esas nubes que se asomaban por las montañas. No sentí eso que en principio me atrapaba; para él seguía siendo una vez de hacer el amor, para mi… era un sexo sin sentido, sin una caricia cercana, sino por el contrario sentí cada beso, cada caricia y cada abrazo como algo lejano, algo que no era nuestro; su mirada no tenía esos tics que tanto lo delatan, sus nervios siendo reveladores de los nervios al ver; era una mirada simple y sin nada detrás. El grito que vino detrás de todo esto, fue el comienzo de sentirme ajena a todo y volver a lo mismo: a mi soledad.

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Soundtrack del Momento

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Escribir un ensayo acerca de posturas filosóficas puede tornarse aburrido y mata. Puse YouTube, buscando algo de música para escuchar y puse Unsteady de X Ambassadors para que luego me saliera está canción tan diciente.

Cloves es algo nuevo para mi y es realmente buena.

Sábado en la madrugada

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Son las 5:00 am y me levanto porque debo hacer ciertos deberes, salgo y cojo mi medio de transporte predilecto: el bus. Pongo el volumen de mi celular alto para escuchar ‘Can’t take my eyes off you’ de The Cary Brothers de fondo en mis audífonos, mientras empiezo a pensar cosas bobas: ¿Qué haré cuando salga a vacaciones?; ¿Por qué será que en el centro está haciendo tanto calor?; No he recargado minutos en mi celular; ¿Qué haré en la clase que debo dar hoy? *no la dí*, etc. Cuando me bajé del bus, empecé a ver toda la gente que salía de distintos lugares en diferentes etapas: borrachos, felices, tristes, después de un buen o mal polvo , aburridos, soñoliento, y otras indescriptibles.

Lo más divertido del asunto es que mientras caminaba y los veía a algunos con las miradas perdidas otros con la mirada enfocando para no caerse, mi mente inventaba historias pequeñas de que podría haberle sucedido a esa persona la noche anterior. En algunas ocasiones pensaba que un tipo que iba feliz en el asiento trasero de un taxi, había dejado en casa a la que probablemente sería la mujer de su vida; en otra había una chica con un vestido muy colorido y brillante y estaba con su pelo despelucado y su cara expresaba angustia y confusión, inventé que ella estaba festejando algo y que hacía muchísimo rato no salía a rumbear y se quedó con alguien que no conocía y que probablemente no pasará de una noche y sale confundida porque le gustó estar con esa persona, pero no sabe qué pasó. Luego vi a un señor de edad borracho, divagando y diciendo groserías, pensé que tal vez peleó en casa o simplemente dijo: “Necesito tiempo para mi” y se sentó en un bar con amigos a tomar y hablar de la vida, pero que los tragos que tanto le gustan le están jugando una mala pasada que la necesita, que de algún modo buscaba y que lo iba a hacer sentir mejor.

Y así se me pasó la mañana, inventando historias con desconocidos que no volveré a ver.

A veces distraer a la mente de la rutina, de los problemas, de las disyuntivas, mejor dicho de lo propio; es aliviador.

Hoja en Blanco.

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Me siento en mi escritorio, enciendo el computador pensando en hacer todas las cosas que debo hacer, fue un día largo y agotador, saco la pila de cuadernos, libros y cosas que tengo pendientes; y empiezo a mirar que será lo primero que haré. Tras varios minutos, no hago nada solo divago en mis pensamientos buscando respuestas a miles de preguntas que me salen de manera espontanea.

¡Ya tuve suficiente!, me digo a mi misma… Pero sigo sumergida en esos pensamientos, en algo que sabía que volvería a pensar y que lamentaría traerlo de vuelta. Lo extraño, extraño todo de él, extraño sus mensajes de “buenos días” o de “que tengas un lindo día”, en los que cada vez que me levantaba era seguro que él iba a estar presente; extraño sus chistes y sus problemas, yo hacía sus problemas mis problemas. Él era mucho y nada para mi, agradecía su presencia pero también la aborrecía, era una ausencia y era todo al mismo tiempo y ahora que no es nada, lo extraño.

Me sentaba cada que quería escribir sobre él y no podía hacerlo, si no me salían las palabras, me salían lágrimas; me quedaba en blanco al igual que la hoja que deseaba garabatear, me sentía vacía pero a la vez llena.